Cerebros de delfines muestran señales similares al Alzheimer por el cambio climático 23 oct 2025

En la costa este de Florida, un grupo de científicos ha identificado una alarmante conexión entre el cambio climático y la salud cerebral de los delfines. Tras analizar durante casi una década los cerebros de 20 delfines mulares hallados varados en la Indian River Lagoon —una zona afectada por frecuentes floraciones de algas tóxicas—, descubrieron alteraciones neurológicas que podrían estar relacionadas con el calentamiento global.

Estas floraciones, conocidas como HABs (por sus siglas en inglés), proliferan con el aumento de las temperaturas y liberan toxinas que se concentran en la cadena alimentaria marina. Los investigadores detectaron niveles elevados de una neurotoxina llamada 2,4-diaminobutírico (2,4-DAB), producida por cianobacterias, en los cerebros de los delfines. En algunos ejemplares, las concentraciones eran casi 3,000 veces superiores a las registradas en épocas sin floraciones.

El hallazgo encendió las alertas entre la comunidad científica, ya que los delfines comparten una estructura cerebral compleja y comparable a la humana. Los expertos advierten que estos animales pueden funcionar como indicadores biológicos de los efectos que la contaminación y el cambio climático podrían tener también en las personas.

Los análisis genéticos revelaron que los cerebros de los delfines expuestos a estas floraciones tóxicas mostraban patrones moleculares similares a los observados en pacientes humanos con Alzheimer. En total, se identificaron 536 genes alterados, de los cuales 420 mostraban mayor actividad y 116 se encontraban parcialmente inactivos, afectando principalmente la comunicación neuronal y la protección del sistema nervioso.

Entre los genes más comprometidos estaban aquellos vinculados con el neurotransmisor GABA —clave en el equilibrio neuronal— y los relacionados con la barrera hematoencefálica, que protege el cerebro de agentes dañinos. Los investigadores concluyen que estos resultados no solo evidencian el impacto del calentamiento global en la fauna marina, sino que también ofrecen una advertencia sobre los riesgos neurológicos que podrían alcanzar a los humanos en entornos contaminados.